Un documento no reemplaza las conversaciones que una familia nunca tuvo
“Necesitamos un Protocolo Familiar.”
Es una frase que escuchamos con frecuencia en empresas familiares que comienzan a preocuparse por su continuidad.
La intención suele ser positiva. La familia busca ordenar las reglas, anticipar conflictos y proteger el patrimonio construido durante años.
Sin embargo, pocas veces aparece una pregunta previa, mucho más importante:
¿Qué acuerdos queremos documentar?
Porque un Protocolo Familiar no crea acuerdos.
Los documenta.
Y esa diferencia cambia completamente la forma de abordar este proceso.
El error más frecuente
Muchas familias creen que el primer paso consiste en contratar a un abogado para redactar un Protocolo Familiar.
Desde una perspectiva jurídica, el razonamiento parece lógico.
Pero desde la perspectiva del gobierno de la familia, normalmente ocurre exactamente al revés.
Antes de escribir un documento, la familia necesita conversar.
Debe reflexionar sobre el futuro que desea construir, discutir temas que probablemente nunca se han abordado y alcanzar acuerdos que representen una visión compartida.
Cuando esas conversaciones no ocurren, el documento termina siendo una recopilación de buenas intenciones que difícilmente influirá en las decisiones futuras.
¿Qué es realmente un Protocolo Familiar?
Más que un documento legal, un Protocolo Familiar es un acuerdo de gobierno.
Su propósito consiste en establecer principios, políticas y reglas que orienten la relación entre la familia, la propiedad y la empresa.
No busca regular todos los aspectos de la vida familiar.
Tampoco pretende reemplazar los estatutos sociales, los pactos de accionistas o la legislación vigente.
Su verdadero aporte consiste en entregar un marco común que permita tomar decisiones con mayor claridad y reducir la incertidumbre cuando surgen situaciones complejas.
¿Qué temas suele abordar?
Cada familia empresaria construye un Protocolo diferente, porque cada historia es distinta.
Sin embargo, existen materias que aparecen con frecuencia.
Entre ellas destacan:
- la visión compartida de la familia empresaria;
- los principios que orientan la relación con la empresa;
- las reglas para el ingreso de familiares a trabajar en el negocio;
- la formación de las nuevas generaciones;
- la sucesión en la gestión y en el gobierno;
- la venta o transferencia de acciones;
- la política de dividendos;
- el funcionamiento del Consejo de Familia;
- los mecanismos para resolver diferencias.
Más importante que la extensión del documento es que esos acuerdos reflejen la realidad y las convicciones de la propia familia.
Lo que un Protocolo Familiar sí puede resolver
Cuando ha sido construido mediante un proceso participativo, un Protocolo Familiar puede transformarse en una herramienta muy valiosa.
Puede ayudar a:
- dar estabilidad a las decisiones;
- reducir la incertidumbre frente a situaciones futuras;
- facilitar la incorporación de nuevas generaciones;
- transparentar expectativas;
- fortalecer la continuidad de la empresa familiar;
- disminuir el riesgo de conflictos derivados de interpretaciones diferentes.
Su mayor aporte consiste en establecer reglas conocidas antes de que aparezcan los problemas.
Lo que un Protocolo Familiar nunca podrá resolver
Existe una expectativa poco realista que conviene despejar.
Un Protocolo Familiar no resolverá por sí solo:
- la falta de confianza entre los miembros de la familia;
- conflictos personales acumulados durante años;
- diferencias profundas de valores;
- rivalidades entre hermanos o ramas familiares;
- problemas de liderazgo;
- la ausencia de conversaciones.
Ningún documento puede reemplazar aquello que la familia nunca construyó.
Los acuerdos escritos solo funcionan cuando reflejan acuerdos previamente conversados y aceptados.
¿Cuál es el mejor momento para elaborarlo?
Muchas familias esperan demasiado.
Otras comienzan demasiado temprano.
La experiencia muestra que el mejor momento suele ser cuando la empresa funciona adecuadamente y la familia mantiene relaciones de confianza.
Es precisamente en esos períodos cuando existe mayor disposición para conversar con serenidad y construir acuerdos pensando en el largo plazo.
Esperar a que aparezca un conflicto importante suele hacer mucho más difícil este proceso.
Lo que observamos en ILTIS
En ILTIS no comenzamos redactando un documento.
Comenzamos facilitando conversaciones.
Nuestro trabajo consiste en ayudar a la familia a identificar los temas realmente importantes, comprender las distintas expectativas y construir acuerdos que representen una visión compartida del futuro.
Solo cuando esos acuerdos alcanzan un grado suficiente de madurez recomendamos formalizarlos mediante un Protocolo Familiar.
De esa manera, el documento deja de ser un texto jurídico para transformarse en una verdadera herramienta de gobierno.
Reflexión ILTIS
El valor de un Protocolo Familiar no depende de la cantidad de páginas que contiene.
Depende de la calidad de las conversaciones que hicieron posible su existencia.
Las familias empresarias que logran continuidad no son aquellas que simplemente firman un documento.
Son aquellas que construyen acuerdos capaces de orientar sus decisiones durante muchos años.
Conclusión
Un Protocolo Familiar puede transformarse en uno de los instrumentos más importantes para la continuidad de una empresa familiar.
Pero nunca debe entenderse como el punto de partida.
Es la consecuencia de un proceso de reflexión, diálogo y construcción de acuerdos.
Las familias que comienzan por las conversaciones suelen terminar con mejores documentos.
Las que comienzan por el documento muchas veces descubren que todavía les faltaban las conversaciones.
¿Cómo puede ayudar ILTIS?
Cada Protocolo Familiar debe reflejar la realidad, los valores y los desafíos de una familia empresaria específica.
En ILTIS acompañamos ese proceso facilitando conversaciones, estructurando acuerdos y diseñando mecanismos de gobierno que permitan fortalecer la continuidad entre generaciones.
Nuestro objetivo no es redactar un documento más, sino ayudar a construir acuerdos que realmente orienten las decisiones futuras de la familia y de la empresa.
Preguntas frecuentes
¿Un Protocolo Familiar tiene validez legal?
Depende de cada una de sus disposiciones y de la forma en que sean implementadas. Muchas de sus políticas requieren posteriormente reflejarse en otros instrumentos jurídicos o societarios.
¿Todas las empresas familiares deberían tener uno?
No necesariamente. Su conveniencia depende del tamaño de la familia, de la complejidad de la propiedad y de los desafíos de continuidad que enfrente.
¿Quién debería participar en su elaboración?
Idealmente, todos aquellos miembros de la familia cuya participación resulte relevante para construir acuerdos de largo plazo.
¿Cuánto tiempo toma elaborarlo?
No existe una duración estándar. Lo importante no es la rapidez, sino la calidad del proceso de conversación y construcción de consensos.
¿Cada cuánto tiempo debería revisarse?
Es recomendable revisarlo periódicamente, especialmente cuando se incorporan nuevas generaciones, cambian las circunstancias familiares o evolucionan los desafíos de la empresa.
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Referencias
Las ideas desarrolladas en este artículo se apoyan en principios ampliamente reconocidos sobre gobierno de empresas familiares, complementados con la experiencia práctica de ILTIS en procesos de asesoría a familias empresarias.
Fuentes de referencia
- Family Business Network (FBN). Guiding Principles for Family Businesses.
- International Finance Corporation (IFC). IFC Family Business Governance Handbook.
- John L. Ward. Publicaciones sobre continuidad y gobierno de empresas familiares.
- Kelin E. Gersick y colaboradores. Generation to Generation: Life Cycles of the Family Business.
- Ivan Lansberg. Publicaciones sobre sucesión y continuidad en empresas familiares.
Nota: Los ejemplos mencionados en este artículo representan situaciones observadas en procesos de asesoría y han sido anonimizados y adaptados para resguardar la confidencialidad de los clientes.