Muchas familias crean un Consejo de Familia… antes de saber para qué lo necesitan
A medida que una empresa familiar crece y nuevas generaciones comienzan a incorporarse, es habitual escuchar una recomendación: “deberían crear un Consejo de Familia”.
La sugerencia parece razonable. Después de todo, es una práctica ampliamente difundida en el mundo de las empresas familiares.
Sin embargo, pocas veces se hace la pregunta más importante:
¿Qué problema queremos resolver creando un Consejo de Familia?
Cuando esa pregunta no tiene una respuesta clara, el resultado suele ser predecible.
Se crean reuniones periódicas, se nombran integrantes y se redactan reglamentos, pero con el tiempo el Consejo pierde sentido porque nadie tiene claro cuál es su verdadero propósito.
Un Consejo de Familia no agrega valor por el solo hecho de existir.
Agrega valor cuando ayuda a la familia empresaria a gobernarse mejor.
El error más frecuente: copiar estructuras
Es habitual observar familias que intentan replicar estructuras que han visto en otras empresas.
“Tienen un Consejo de Familia.”
“Nosotros también deberíamos tener uno.”
El problema es que las estructuras no son buenas por sí mismas.
Son útiles únicamente cuando responden a una necesidad concreta.
Una familia de segunda generación con cuatro accionistas probablemente necesite mecanismos distintos a los de una familia de quinta generación con cuarenta propietarios distribuidos en distintas ramas familiares.
No existe un modelo universal.
Antes de crear un Consejo de Familia conviene responder cinco preguntas
Antes de decidir su creación, resulta útil reflexionar sobre algunas preguntas fundamentales.
¿Qué decisiones familiares hoy no tienen un espacio adecuado para ser discutidas?
¿Existen temas que sistemáticamente se postergan porque no corresponde tratarlos en el Directorio?
¿Quién representa a las nuevas generaciones?
¿Cómo se construyen acuerdos entre las distintas ramas familiares?
¿Dónde se conversa sobre el futuro de la familia propietaria, más allá de la marcha del negocio?
Si ninguna de estas preguntas genera dificultades, probablemente aún no exista una necesidad real de crear un Consejo de Familia.
Lo que un Consejo de Familia sí debería hacer
Aunque cada familia puede definir sus propias atribuciones, normalmente un Consejo de Familia contribuye a:
- fortalecer la unidad familiar;
- preparar a las nuevas generaciones;
- promover la educación como propietarios responsables;
- facilitar conversaciones sobre continuidad;
- proponer políticas familiares;
- preparar materias que posteriormente puedan formalizarse en un Protocolo Familiar.
Su foco está en la familia propietaria.
No en administrar la empresa.
Lo que un Consejo de Familia no debería hacer
Uno de los riesgos más frecuentes consiste en convertir el Consejo de Familia en un “segundo Directorio”.
Cuando eso ocurre comienzan las confusiones.
El Consejo de Familia no debería:
- revisar resultados financieros mensuales;
- supervisar al gerente general;
- aprobar inversiones;
- intervenir en decisiones operacionales;
- reemplazar las funciones del Directorio.
Cada órgano existe para cumplir un propósito distinto.
Cuando esos límites se difuminan, aparecen conflictos de autoridad y pérdida de eficiencia.
Consejo de Familia, Directorio y Junta de Accionistas: tres roles diferentes
Una de las principales fortalezas de una buena gobernanza consiste en que cada instancia sabe exactamente cuál es su responsabilidad.
El Consejo de Familia representa la voz de la familia.
El Directorio gobierna la empresa.
La Junta de Accionistas ejerce los derechos propios de la propiedad.
Cuando estos tres espacios funcionan de manera coordinada, la familia reduce conflictos y mejora la calidad de sus decisiones.
¿Todas las familias necesitan un Consejo de Familia?
No.
Algunas familias funcionan adecuadamente durante muchos años sin uno.
Otras lo necesitan con urgencia.
La diferencia no depende del tamaño de la empresa.
Depende principalmente de la complejidad de la familia propietaria.
A medida que aumentan el número de accionistas, las ramas familiares, las generaciones involucradas y la distancia entre propiedad y gestión, también aumenta la necesidad de crear espacios específicos para conversar sobre la familia.
Lo que observamos en ILTIS
En nuestra experiencia, el principal aporte de un Consejo de Familia no consiste en realizar más reuniones.
Consiste en evitar que conversaciones familiares terminen desarrollándose en el Directorio, y que decisiones empresariales terminen trasladándose a reuniones familiares.
Cuando cada conversación ocurre en el espacio adecuado, disminuyen los conflictos y mejora la calidad del gobierno tanto de la familia como de la empresa.
Por eso, antes de diseñar un Consejo de Familia, en ILTIS trabajamos con la familia para definir qué conversaciones necesita tener, qué decisiones desea ordenar y cómo debería relacionarse esa instancia con los demás órganos de gobierno.
Reflexión ILTIS
El valor de un Consejo de Familia no se mide por la cantidad de reuniones que realiza.
Se mide por la calidad de las conversaciones que hace posibles y por su capacidad para fortalecer la continuidad de la familia empresaria.
Conclusión
Un Consejo de Familia no es una moda ni un requisito para ser una empresa familiar profesional.
Es una herramienta de gobierno.
Como toda herramienta, solo genera valor cuando responde a una necesidad concreta y cuando sus funciones están claramente definidas.
Antes de preguntarse cómo crear un Consejo de Familia, conviene responder una pregunta mucho más importante:
¿Qué conversaciones familiares necesitan hoy un espacio propio para poder ocurrir?
¿Cómo puede ayudar ILTIS?
No existen dos familias empresarias iguales. Por ello, tampoco existen modelos únicos de gobierno familiar.
En ILTIS ayudamos a las familias empresarias a diseñar estructuras de gobierno acordes con su realidad, definiendo con claridad el rol del Consejo de Familia, su relación con el Directorio y los mecanismos que favorecen la continuidad entre generaciones.
Nuestro objetivo no es incorporar nuevas instancias de reunión, sino construir un sistema de gobierno que agregue valor y facilite mejores decisiones.
Preguntas frecuentes
¿Un Consejo de Familia es obligatorio?
No. Es una herramienta voluntaria cuya conveniencia depende de la realidad de cada familia empresaria.
¿Quiénes deberían integrarlo?
Depende de cada familia. Habitualmente participan representantes de las distintas ramas familiares o generaciones, siguiendo criterios previamente acordados.
¿Puede tomar decisiones sobre la empresa?
No debería. Su ámbito natural es la familia propietaria. Las decisiones sobre la empresa corresponden a los órganos societarios definidos para ello.
¿Es lo mismo que un Protocolo Familiar?
No. El Consejo de Familia es una instancia permanente de gobierno. El Protocolo Familiar es un documento que recoge acuerdos y políticas familiares.
¿Conviene crearlo antes o después de redactar un Protocolo Familiar?
No existe una regla única. En muchas familias resulta útil que el propio Consejo de Familia participe en la construcción del Protocolo, facilitando el diálogo y la búsqueda de acuerdos.
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Referencias
Las ideas desarrolladas en este artículo se apoyan en publicaciones de Family Business Network (FBN), International Finance Corporation (IFC), OECD y diversos autores especializados en gobierno de empresas familiares, complementadas con la experiencia práctica de ILTIS en procesos de asesoría a familias empresarias.
Fuentes de referencia
- Family Business Network (FBN). Guiding Principles for Family Businesses.
- International Finance Corporation (IFC). IFC Family Business Governance Handbook.
- John L. Ward. Publicaciones sobre gobierno de empresas familiares.
- Kelin E. Gersick y colaboradores. Generation to Generation: Life Cycles of the Family Business.
- Ivan Lansberg. Publicaciones sobre continuidad y sucesión en empresas familiares.